Mirar a la Selección es como embarcarse en la más demoníaca de las montañas rusas, bajo una tormenta de granizo y sin la barra de seguridad en el pecho. Así juega este equipo y así mantiene al país futbolero: en vilo, haciendo cuentas, rezando, mirando de reojo a Maradona. Y dependiendo de los milagros. Si vamos a entregarnos al realismo mágico, quién mejor que Martín Palermo para levitar en el aguacero e inventar un triunfo sobre los peruanos tan novelesco como la inundación de Macondo.Ganó Argentina, 2 a 1, sufriendo contra el peor equipo de las Eliminatorias. A no sorprenderse: fue más de lo mismo. Una vorágine de voluntarismo, corazón caliente, revoluciones a mil, errores, desorden y estrellas que regalan biblias y calefones sin solución de continuidad.Que jugamos mal -muy mal- no es una novedad. Pasaron 78 jugadores (¡78!) por las convocatorias de Maradona. No hay equipo ni esquema. Y aquí estamos, con el Mundial a la vuelta de la esquina y la calculadora en la mano. El miércoles, en Montevideo, se resolverá todo. Será clasificación, repechaje o catacumba para esta Selección. VAMOS ARGENTINA!!!!!!!!

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