PALPITANDO EL MUNDIAL DE FUTBOL EN BRASIL PARTE 1: ENTRANDO AL PAÍS CARIOCA

 Desde la frontera al Litoral Sur Brasilero. 800 km a puro pedal


El primer cartel  anunciando mi entrada al país mas grande de América Del Sur.


Estas líneas escribía en mi diario el 05 de mayo en mi primera noche en Brasil. 10 días después puedo tener una visión un poco mas amplia, solo un poco pero creo que es válida.
Se las comparto:

“…El sol era un gran compañero al mediodía cuando  llegaba a Chui, el hormiguero común a cualquier frontera libre de impuestos me daba la bienvenida a Brasil.

La situación del país es particular, faltan 44 días para la copa del mundo, me adentro a Brasil lleno de incertidumbres, por no decir miedos, ya que el movimiento y los ojos de todo el mundo van a estar aquí y hay algunos factores que me inquietan:

-    En las ciudades sedes del evento, las manifestaciones sociales son inminentes, en algunas hubo muertes.
-         Hay metrópolis gigantes que son peligrosas por si mismas como Sao Paulo  o Porto Alegre, a eso le       agregamos la fiebre mundialista.
-         El idioma es un limitante, podremos, solo podremos decir que el portugués es similar al español. A la hora de la practica es complicado hasta decir buenas tardes, al menos, eso me paso en Santa Vittoria Do Palmar cuando vine a  pedir asilo a la Rodoviaria Federal.
-         El ser Argentino en estas épocas parece mentira que por ser de un lugar te condicione en la gente. El prejuicio es que no quieren a los argentinos, y es por el fútbol, y que hace un argentino entrando a Brasil para la copa del mundo?
-        El trafico, desde el primer km dentro es muy distinto, me había acostumbrado a la tranquilidad      Uruguaya, estimo hacerme amigo de los camiones y que las rutas tengan banquinas sino, va a ser una       verdadera odisea pedalear por aquí.

Por otro lado, entrar al supermercado y ver que los precios son racionales me puso feliz, volví a poner en mi lista de posibilidades a los lácteos, que cuestan la mitad que en Uruguay, lo mismo con el pan y el arroz, con eso ya tengo la dieta asegurada, el presupuesto aquí es de 7 reales diarios. Y teniendo en cuenta que el pan sale, 2,40 el yogurt 2,30 y el arroz 1,85 el kg voy a poder manejarme aquí.

El escuchar “falar” a la gente  me emociona y llena de adrenalina, al momento de pasar por la caja repase en mi memoria lo que iba a decir :” boa tarde” y muito obrigado” , en un tiempo veremos como me desenvuelvo...”

Entrando a Santa Vittoria Do Palmar RS. Primer localidad después de la frontera.



800 km en busca de la sabiduría.

Día 2:

Eran las 4:30 am  me despierto, miro el reloj y restan casi dos horas para levantarme, sigo durmiendo. A las 6:20 am quedaban 10 minutos de placentero sueño, pero un estruendo deja a mis ojos abiertos y gigantes. No entiendo mucho, otro estruendo le sigue, me repongo sobre la colchoneta y se siente ruido constante y más estruendos, ahora con luces. Que sorpresiva es mi primera noche en Brasil. Estoy instalado en la parte de atrás de la Policía Federal Rodoviaria. Estoy seguro, no van a robarme, pero los ruidos siguen, las luces son inmensas. Primera noche en Brasil y soy bienvenido con semejante tormenta eléctrica!!!

A las 9:40 consigo terminar de armar el equipaje, desayunar y enrollar la carpa con litros y litros de agua. Me largo a la ruta, llovizna ahora y hay mucha niebla, aquí hay verdaderas moles de muchisimas ruedas a muchisima velocidad. Camiones de todos los colores y dimensiones, todos tienen un denominador común. No dan el metro y medio de prudencia de sobre paso al ciclista.
La banquina está destruida y me separan de la próxima ciudad 224 km por una ruta recta, plana y larga, la BR471 me dice “bem-vindo” este es un país con dimensiones continentales, en muchos aspectos.
Con mucho esfuerzo supero los primeros 10 km y paro a preguntar en la estación de servicio. La próxima parada es a 47 km. Cargo agua y sigo. Tengo que pedalear con mucha atención, la lluvia no merma y los camiones pasan en menor cantidad, pero no me siento cómodo aún en la ruta. Dedico la mañana a batallar contra el tiempo y a la vez programo las paradas, que no son muchas pero la planificación es necesaria ya que no anhelo quedarme sin agua en medio de la ruta y que me agarre la noche. Mediodía para almorzar mortadela con queso y pan. Después seguir en la ruta. El panorama va mutando y pedaleo en compañía del sol, con un verde sin igual y el horizonte teñido de turbinas eólicas y campos con animales. A las 6 de la tarde se hace de noche y me quedan 40 Km. hasta el próximo “Posto” (Posto do gasolina, que es la estación de servicio). Temo no poder llegar y le meto pedal, la mañana fue agotadora pero tengo fuerzas para seguir a buen ritmo. Parada a descansar y me doy el primer golpe del viaje. Era lo estimado y me sorprendía que llevara algo de 500 km. sin el esperado golpe al que estamos propensos luego de poner pedales nuevos. Tengo los pedales que se encajan con una zapatilla y uno va “trabado” a la bici. Al ser nuevos suele costar sacar el pie, y si le dimos la orden de frenar a la bici y no sacamos el pie, quedamos duros cuan muñecos de juguete y caemos hacia el costado. Eso me sucedió y dicha parada de descanso fue para reubicar la botella de combustible de la cocina, ya que se corto sostén de su soporte. Aún así era muy optimista y faltando algo de una hora para despedir al sol pude llegar al objetivo diario. El Paradouro Costa Doce, me recibió y dio un lugar para pernoctar. Antes que se hiciera la noche, aproveché para reparar la parrilla delantera que por 3ra vez cortaba un tornillo de amarre. Redistribuí el equipaje y me cocine un suculento arroz. A las 8 p.m. estaba acostado. El día fue tan agotador que me dormí muy rápido.

Pedaleando la BR 471 en el medio de la niebla matinal.
El siguiente día fue  sin lluvia y sin tormenta eléctrica pero comenzó con una bruma agobiante. Nuevamente rodar tenso, prevenir camiones y mirar rectas interminables. Se que no voy a poder dormir en Río Grande, mañana recién podré llegar a la primer ciudad de Brasil. El cielo despeja y no hay viento, rodar es totalmente placentero y dejo atrás 103 Km. para llegar al cruce de rutas Pelotas – Río Grande, miro hacia atrás y lo logré. Pedalee la primer BR de mi vida, la 471 era historia.
 Llego a Villa Da Quinta. Cruzo la autopista y voy percibiendo gran movimiento. Solo quiero armar la carpa y dormir. La estación de servicio esta acomodada en contado espacio y no tengo permiso, me mandan a la Brigada Militar. El militar es muy subordinado y no tiene permiso para dejarme dormir, tampoco tiene ímpetu de hospitalidad, me manda a la parroquia - la última parroquia a la que pedí asilo fue en Abra Pampa, puna de la provincia de Jujuy, Argentina. En el 2do día de aquel viaje, permiso desistido y aseguré que no perdería mas tiempo en buscar ayuda allí. – Leo “oficina de bicicletas” pintado en una pared, imagino lo avanzado que es Brasil que tiene un lugar para registrar las bicicletas. Me acercó y es una simple bicicleteria de barrio, aquí no es un taller, es una oficina. Y en un lastimoso portuinglespañol le pido para armar la carpa, denegado. Reflexiono: ciudad grande, es más difícil. Algo va a salir. El cliente de la bicicleteria se llama Francisco, es hincha de Inter de Porto Alegre y me dice que si mi carpa no es muy grande puedo ir a su casa. Acepto. No lo conozco pero tampoco tengo otra opción, y son mas de las 5 de la tarde, la noche se aproxima. Hablamos un poco más y partimos hacia su casa, me anticipa que no tiene mucho que ofrecer, le digo que si el corazón es grande es suficiente. Cuesta entenderse, pero  algo en su mirada me da mínima tranquilidad.  Nose adonde voy, el barrio se torna tenebroso, el sol se va, caminamos por calles pequeñas. Las casas son de madera, parece tierra de nadie y algo parecido al miedo me invade, no tengo adonde ir..me la juego toda.
En el camino que sigue unas 3 personas saludan a Francisco, una se detiene, mi anfitrión está exaltado de presentarme. El interlocutor me dice que es muy buena gente, nos despedimos. Seguimos caminando, el auto se vuelve a detener y sale una mano de la ventanilla. Miró y son 10 reales para mi viaje, el miedo quedo atrás, la hospitalidad es así, hay que entregarse.
Villa Da Quinta por la mañana.


Francisco, mi papa Brasilero.

El héroe sin dudas fue mi anfitrión que me salvo de la noche en la metrópoli de Río Grande. El tiene 4 hijos y vive en una casa de madera, tiene energía eléctrica y agua caliente. Compartió todo junto a su familia. El tiempo fue poco, pero muy valioso. Se esfuerzan por hablar conmigo, me cuentan sus cosas, sus vidas, sus historias. Aparece Vanesa, y después Vinicius, y dos niños. Ellos son los vecinos, parece que el mito del “odiemos al argentino” carece de validez aquí. Binicius me cuenta que fue al ejército y que tiene fotos, me dice que las va a buscar y toma un encendedor. Le digo que lo acompaño y vamos a su casa, ellos la hacen desde abajo, tienen dos pequeños hijos y 23 y 20 años respectivamente. No tienen luz ni agua caliente. Por eso tomó el encendedor, para prender las velas, subirse arriba de una silla y buscar en cajas guardadas sus fotos en el ejército, para contarme de su vida, de él. Quiere compartir conmigo, no hablamos nada, pero nos entendemos mucho. El tiempo vuela, parece que los 103 km no hubieran existido. Francisco me dice que es un honor recibirme, me pide perdón por no poder darme mas y que tengo un lugar en su corazón, Francisco se emociona hasta las lagrimas y le doy un abrazon como queriéndole transmitir todo lo que la lengua no me permite decir.
Con Mauricio, hijo de Francisco.
Por la mañana los planes se echaron por la borda, no pedalearía los 100 Km. estipulados. Pero el itinerario queda en segundo o tercer plano cuando se conoce gente así, cuando nos damos cuenta que el mundo es hermoso, que no todo está perdido y que siempre que tengamos una sonrisa podemos dejarnos sorprender una y otra vez conociendo a familias como la de Francisco.
Compartiendo en familia.

Dejé una parte de mi corazón allí, 
me relacione con todos aunque sea mínimo y me lleve mucho, me lleve
reflexiones que me dejaran pensando el resto del día, me lleve la imagen de que se puede, de que cuando creemos estar mal, hay otros que están mas apretados que nosotros y la siguen peleando. Tuve un papa que me protegió, y se llama Francisco. El resto de día fue para cruzar en balsa desde Río Grande a Sao Jose Do Norte, no pedalee mas, necesitaba asimilar todo lo vivido. A pesar de que llevaba un apretado cronograma, decidí descansar.


A las 7 de la mañana estaba patitas sobre los pedales, seguía pedaleando contrareloj. Porque tenia tanto apuro, adonde tenia que llegar?  El objetivo era Passo De Torres, estado de Santa Catarina. Porque?  Por mi amiga Sofía… que significa sabiduría.

Descanso para reponer energías previendo la lluvia venidera
Sol y lluvia: arcoiris.
El tramo marcaba 127 Km. en google maps. En la realidad me enteré que eran 160, estaba en el baile y tenia que bailar. Me propuse superar mi record de 140 Km. en un mismo día y llegar hasta Mostardas. A 158 km. El día fue esplendido, a poco más de una hora se largo a llover copiosamente. No había camiones, la ruta era muy tranquila, solo tenia que disfrutar mientras avanzara. Postal de arco iris, sol y lluvia, forestación por todos lados, era un placer! El día fue grandioso, cumplí mis  160 Km. hasta la localidad, dormí en una estación de servicio y me preparaba para llegar a ver a mi amiga.

- Cuando planeamos los días yo estaba en Montevideo y tendría que pedalear 60 Km. todos los días para poder compartir unos días con mi amiga antes de su regreso a Santiago De Chile, de donde es ella. El tiempo me apremiaba porque me detuve 9 días en La Paloma, Rocha, Uruguay. Aprendiendo a surfear y compartiendo con gente de todas partes del globo.  Tenía 9 días de retraso y cuando salí del Hostel Cribe restaban 800 Km. para rodar hasta el próximo domingo. En Mostardas el almanaque marcaba sábado y emprendí la salida con mucha emoción al otro día podría darle un abrazon a mi amiga chilena. En el próximo paraje le avise a Sofía que el lunes llegaba. El viento era imparable, y obviamente en contra, me apabullo durante 3 días, pedalee y culmine la etapa de la BR 101 y me metí a la costa, el domingo llegue al mar, y el lunes después de 100 Km. la vi. a ella tejiendo macramé al lado de su bicicleta viajera.
Con mi amiga cicloviajera Sofí en el mirador del Morro Da Borrússia. Osorio/ RS


Quedaron atrás 800 Km. en 9 días, crucé todo el estado de Río Grande Do Sul y sentí una satisfacción enorme de haberlo logrado. Fue una batalla contra uno mismo. Mantener la mente y el cuerpo 5 o 6 horas por día en rutas rectas y planas no es tarea fácil. Me voy acorazando, quedan pocos vestigios del sedentario que era en Córdoba capital, empiezo a bajar de peso, a ser mas tolerante, a aprender a hablar un poco mejor. Empiezo a ver en mi al Nicolás que recorría Argentina durante 3 meses y 3 mil Km. en el año 2009, empiezo a salir del stand by de 4 años a puro trabajo y estudio para volver a viajar, empiezo a volar, me siento dueño del mundo, porque tengo sueños y los veo en mi realidad cotidiana. Siento que no hay imposibles, que todo se puede, y quiero compartirlo, para que vos también puedas, y salgas y vivas, porque puedo escribir mil palabras, pero esta sensación solo puedo sentirla yo, porque no tiene explicación.

Así sucedieron los días hasta que mi amiga se regresó a  Chile, sin dudas fue un camino a la sabiduría, que es el significado de su nombre,  donde aprendí muchas cosas y respondí algunos de los interrogantes que me planteaba al entrar a Brasil.

El Mundial de Fútbol, la vida en Brasil, los brasileros, las ciudades grandes, y mi pasar cotidiano, se los comento en la segunda parte de la crónica.

4 comentarios:

  1. Muy bueno!¡ super lindo todo lo que te va pasando en el camino!! La magia Del camino, que solo el ser viajero te permite conocerla.

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  2. HERMOSO!!!!!!!!!!!!! una novela que voy a seguir ansiosa!!!! FELICITACIONES POR SOÑAR Y HACELO REALIDAD!!!!!

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  3. Super ! Buen relato
    Buenos vientos !

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